martes, 4 de diciembre de 2012

ANECDOTAS PORTEÑAS: 
     EL INGLES ENJABONADO

En la Buenos Aires del siglo XIX, existían 2 clases de juegos: los juegos para divertirse... y la "timba".

Las crónicas de época suelen mencionar a criollos que corrían carreras de caballos solo por dinero, sin fijarse demasiado en la categoría del animal que montaban (sin montura ni espuelas).

Otros de los juegos populares eran las lamentables riñas de gallos o el billar.
También estaban los juegos denominados "malsanos" como los dados y las cartas, en donde se recuerda que hasta los niños sentían inclinación por el "escolazo".

Los ingleses por su parte, eran muy afectos a las apuestas y a todo juego en el cual se obtuviera alguna ganancia. Tal es el caso de un marinero quien en los festejos del 25 de mayo de 1822, se llevó todos los premios del palo enjabonado...

Los palos de aquel entonces más que enjabonados estaban engrasados.
El juego consistía en alzarse con el botín que se encontraba atado en la cima de los palos: relojes y bolsas con dinero, eran los premios para el intrépido ganador.

La historia cuenta que el marino inglés tras alcanzar los bultos del primer palo, inteligentemente se envolvió con ellos el cuerpo (lo que impidió que se siguiera resbalando). Así fue como subió a los restantes palos y bajó el reloj y la billetera colgados en su boca.

Al descender del último palo, lo rodearon los soldados que custodiaban la fiesta y le quitaron los premios por considerar que había hecho trampa...
Como el marinero se resistió, intentaron llevárselo preso. Es así como todo el vecindario que hinchaba por él, armó un gran alboroto y por ello debieron liberarlo, permitiéndole conservar sólo uno de sus premios.


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martes, 4 de diciembre de 2012

ANECDOTAS PORTEÑAS: 
     EL INGLES ENJABONADO

En la Buenos Aires del siglo XIX, existían 2 clases de juegos: los juegos para divertirse... y la "timba".

Las crónicas de época suelen mencionar a criollos que corrían carreras de caballos solo por dinero, sin fijarse demasiado en la categoría del animal que montaban (sin montura ni espuelas).

Otros de los juegos populares eran las lamentables riñas de gallos o el billar.
También estaban los juegos denominados "malsanos" como los dados y las cartas, en donde se recuerda que hasta los niños sentían inclinación por el "escolazo".

Los ingleses por su parte, eran muy afectos a las apuestas y a todo juego en el cual se obtuviera alguna ganancia. Tal es el caso de un marinero quien en los festejos del 25 de mayo de 1822, se llevó todos los premios del palo enjabonado...

Los palos de aquel entonces más que enjabonados estaban engrasados.
El juego consistía en alzarse con el botín que se encontraba atado en la cima de los palos: relojes y bolsas con dinero, eran los premios para el intrépido ganador.

La historia cuenta que el marino inglés tras alcanzar los bultos del primer palo, inteligentemente se envolvió con ellos el cuerpo (lo que impidió que se siguiera resbalando). Así fue como subió a los restantes palos y bajó el reloj y la billetera colgados en su boca.

Al descender del último palo, lo rodearon los soldados que custodiaban la fiesta y le quitaron los premios por considerar que había hecho trampa...
Como el marinero se resistió, intentaron llevárselo preso. Es así como todo el vecindario que hinchaba por él, armó un gran alboroto y por ello debieron liberarlo, permitiéndole conservar sólo uno de sus premios.


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