lunes, 31 de diciembre de 2012

QUEDARSE PELADO EN EL INTENTO

El farmacéutico José Antonio Brancato, propietario de una farmacia que estaba ubicada en Florida al 600, comenzó en 1914 a elaborar y vender un producto que servía para mantener asentado el cabello, hecho en base a goma tragacanto, y cuyo nombre de marca era "gomina".


Uno se aplicaba el producto, y se formaba un verdadero casco de cabello. Había que ponerse un poco en las manos, desparramársela sobre el cabello húmedo y peinarse. El cabello quedaba endurecido, pero una vez que se secaba completamente, se cubría de una capa de polvo blanquecino, similar a la caspa. No era nada estético al final del día.


La “Gomina Brancato” se presentaba en un envase de vidrio. Se veía en la peluquería, cuando el peluquero introducía el peine y extraía una cantidad suficiente para peinar a dos clientes.


Cuando no se disponía de los 30 centavos que costaba, los varones solían comprarse en la farmacia un sobre de goma tragacanto, que se disolvía en una cantidad suficiente de agua como para obtener un preparado similar a la Gomina Brancato, pero incoloro. Todo para lograr un mismo resultado, pero más barato.


En 1925, este invento argentino fue introducido en París por un porteño elegante llamado Carlos Arce, frecuentador de cabarets y restaurantes de lujo. Fue así como los primeros tangeros en llegar a la ciudad luz, introdujeron la gomina como un auténtico producto de contrabando, aunque marcando distinción.


Pronto actores y galanes de cine comenzaron a utilizar gomina. Con este producto podían correr, agitarse, meterse al agua, pero con la cabeza… siempre intacta.


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lunes, 31 de diciembre de 2012

QUEDARSE PELADO EN EL INTENTO

El farmacéutico José Antonio Brancato, propietario de una farmacia que estaba ubicada en Florida al 600, comenzó en 1914 a elaborar y vender un producto que servía para mantener asentado el cabello, hecho en base a goma tragacanto, y cuyo nombre de marca era "gomina".


Uno se aplicaba el producto, y se formaba un verdadero casco de cabello. Había que ponerse un poco en las manos, desparramársela sobre el cabello húmedo y peinarse. El cabello quedaba endurecido, pero una vez que se secaba completamente, se cubría de una capa de polvo blanquecino, similar a la caspa. No era nada estético al final del día.


La “Gomina Brancato” se presentaba en un envase de vidrio. Se veía en la peluquería, cuando el peluquero introducía el peine y extraía una cantidad suficiente para peinar a dos clientes.


Cuando no se disponía de los 30 centavos que costaba, los varones solían comprarse en la farmacia un sobre de goma tragacanto, que se disolvía en una cantidad suficiente de agua como para obtener un preparado similar a la Gomina Brancato, pero incoloro. Todo para lograr un mismo resultado, pero más barato.


En 1925, este invento argentino fue introducido en París por un porteño elegante llamado Carlos Arce, frecuentador de cabarets y restaurantes de lujo. Fue así como los primeros tangeros en llegar a la ciudad luz, introdujeron la gomina como un auténtico producto de contrabando, aunque marcando distinción.


Pronto actores y galanes de cine comenzaron a utilizar gomina. Con este producto podían correr, agitarse, meterse al agua, pero con la cabeza… siempre intacta.


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